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Iluminar la tez, intensificar la mirada y recuperar el volumen de los labios... Todo esto es posible a través de técnicas y trucos profesionales, pero a la vez muy sencillos.Aquí, el paso a paso y los mejores tips para lograrlo.
Para contrarrestar los efectos del paso del tiempo no solo hay que ajustar la rutina de skincare con los productos y tratamientos adecuados, sino también adoptar un maquillaje de efecto rejuvenecedor que aporte luminosidad, atenúe las líneas y le confiera al rostro un aspecto de lozanía.
¿En qué consiste exactamente?, ¿qué cosméticos utilizar? y ¿cuál es el paso a paso para hacerlo bien? Lo primero que hay que saber es que el “maquillaje antiedad” comprende una combinación de técnicas profesionales, gestos y tipos específicos de cosméticos que se adaptan a la madurez de la piel para mejorar la apariencia y reducir los signos del envejecimiento cutáneo.
Y otro punto importantísimo es que su secreto radica en la sutileza. Porque no se trata de camuflar arrugas e imperfecciones con exceso de productos; al contrario, la idea es -de manera casi imperceptible y sin sobrecargar- destacar o disimular aquellas zonas del rostro que se van alterando y modificando a lo largo de los años.
1 - Convertir el corrector en el mejor aliado
La flacidez de la piel debajo del ojo a menudo deja al descubierto la fosa orbital: se forman ojeras y surge un color grisáceo-violeta. Para mejorar su apariencia hay que trabajar la zona en forma de estrella con el corrector (como rayos alrededor del ojo para abrir la mirada) y luego difuminar.
El secreto es no sobrecargar. Otra técnica para elevar los ojos caídos consiste en resaltar la línea de las pestañas inferiores -también con corrector- desde el interior hacia el exterior del ojo. Extender la línea hasta la sien de forma ascendente, igual que se hace con el delineador para crear cat-eye. Es una forma sencilla y eficaz de estirar el ojo y de levantar y aportarle luz a la mirada.

2 - Suavizar las arrugas
Nunca aplicar el corrector en la dirección de la línea, ya que esto puede acentuar aún más el surco por efecto óptico. Lo recomendado es colocar el producto perpendicularmente a la arruga. Por ejemplo, para suavizar las líneas del entrecejo (las dos arruguitas verticales huecas entre las cejas), colocar el corrector horizontalmente, para sombrear la arruga, y terminar difuminándolo con los dedos.
Como resultado, la línea de expresión se aplana y es menos visible. Esta técnica funciona para todas las arrugas faciales: como las de la frente, las patas de gallo y los pliegues nasogeniano.

3 - Elegir el labial ideal
Optar siempre por un producto ultra hidratante es clave. En cuanto al color, como los labios se adelgazan con el tiempo, privilegiar los tonos brillantes a los oscuros y opacos. ¿Los favoritos? Cobrizos o con un toque de rosa o frambuesa, según cada tez. El rojo no está prohibido; al contrario, resulta muy chic. El objetivo es iluminar el rostro: en eso radica el maquillaje anti-edad.

4 - "Trabajar" bien el rubor
Elegir el tono en función del fototipo: rosados y cálidos para las morenas, por ejemplo, y duraznos para neutralizar las rojeces de las pieles claras. En cualquier caso, evitar los rubores iridiscentes, ya que el brillo va a acentuar las arrugas al depositarse en ellas. Para aplicarlo basta sonreír y colocarlo sobre el pómulo, extendiendo hacia la parte superior (no mucho para no marcar las patas de gallo). El rostro parecerá redondeado y los pómulos, elevados. Además, el iris y la tez se iluminan.

5 - La gran Regla de Oro (a cualquier edad)
La técnica del contouring (luces y sombras para definir y esculpir los rasgos) es el ABC de los maquilladores profesionales, y se aplica tanto en looks de pasarela como para rejuvenecimiento o en caracterizaciones. El contouring se basa en un principio muy simple.
Lo CLARO: destaca, realza, ilumina, voluminiza y levanta. Por eso el corrector de ojeras y el iluminador permiten crear focos de atención.
Al contrario, lo OSCURO oculta, disimula y hunde. Así, las barras o Contouring Sticks posibilitan crear profundidad, remodelar el contorno del rostro o camuflar una papada, por ejemplo. El secreto es esfumarlos muy bien.