
Belleza
Rellenos, bótox y bioestimuladores son algunas de las técnicas que se pueden realizar en gabinete. Qué preguntar antes de recostarse en el sillón.
Sí, tu odontólogo puede ponerte bótox. No es una novedad -aunque hoy se hable de eso más que antes-, y cada vez son más los dentistas que ofrecen tratamientos estéticos en sus consultorios. Los odontólogos dominan la anatomía orofacial y tienen respaldo académico. Lo que sí importa es que esa decisión venga acompañada de formación real. Porque lo que antes parecía territorio exclusivo del médico estético hoy ocurre también en la silla del odontólogo, y la diferencia entre un resultado natural y una complicación seria no está tanto en el producto, sino en quien lo aplica.
Los labios, las comisuras, la zona peribucal, la mandíbula, la sonrisa gingival. Todo eso lo conoce de memoria quien pasó años estudiando anatomía orofacial. Y es exactamente ahí donde se aplican los tratamientos que más se buscan hoy: toxina botulínica para suavizar arrugas de expresión o corregir una sonrisa gingival, ácido hialurónico para definir labios o recuperar volumen, bioestimuladores para mejorar la calidad de la piel o hilos tensores PDO para tensar tejidos sin cirugía. El odontólogo no llega a estos procedimientos desde afuera: llega desde un conocimiento anatómico profundo de la zona.
El envejecimiento del rostro, explican los expertos, no afecta solo a la piel. Compromete estructuras óseas, musculares y de tejidos blandos que el odontólogo maneja desde el primer año de carrera. Los especialistas consultados coinciden en que quien se forma en medicina estética facial tiene una ventaja real en ese sentido. Ya conoce el territorio. El desafío es adquirir las herramientas clínicas y el criterio para trabajarlo con la misma exigencia que aplica en su práctica habitual.
Aun con todo eso claro, hay preguntas que conviene hacerle a cualquier profesional antes de un tratamiento. ¿Tiene formación certificada en estética facial? ¿Realizó un posgrado con carga horaria real, práctica sobre pacientes y evaluación, o solo se inscribió en un curso de fin de semana? ¿En qué institución se formó? ¿Tiene experiencia específica en el procedimiento que propone? ¿Está preparado para manejar una complicación si aparece?

La Facultad de Odontología de la UBA tiene una trayectoria sólida en el tema: ofrece cursos de posgrado y aborda la armonización orofacial en materias optativas y unidades dentro de los programas de grado. Entre sus especializaciones figuran la Carrera en Estética Dental y Diseño Dinámico de la Sonrisa, Operatoria y Estética Dental y Cirugía y Traumatología Bucomaxilofacial.
En Argentina, la armonización orofacial todavía no está reconocida oficialmente como especialidad odontológica, aunque a nivel internacional ya tiene ese estatus, y Brasil fue el primer país en la región en lograrlo, en 2019. En ese marco también actúan instituciones internacionales con presencia local.
La Escuela Internacional de Medicina Estética y Cirugía (EIMEC), con sede en Barcelona y más de una década de trayectoria, dicta en Argentina el Posgrado Práctico de Medicina Estética Facial para Odontólogos (MEFO) en la propia Facultad de Odontología de la UBA. El programa dura seis meses, combina masterclasses teóricas online con cinco días de entrenamiento intensivo sobre pacientes reales, y el 90% de la carga es práctica. La próxima edición del módulo presencial es en noviembre de 2026.

Más allá de la formación y la especialización rigurosa, muchos cuestionan si el odontólogo está habilitado legalmente para inyectar toxina botulínica. En 2016, la ANMAT emitió la Circular 0005, que estableció que tanto médicos como odontólogos están habilitados para prescribir y, aplicar toxina botulínica para el tratamiento de las indicaciones contempladas en el prospecto del producto. Y el marco general lo da la Ley 17.132, que regula el ejercicio de la odontología en Argentina e incluye dentro de su campo todo procedimiento vinculado a la región bucodentomaxilar. La estética facial del tercio inferior del rostro no es territorio ajeno: es parte de lo que ese título habilita.
“Lo que falta muchas veces es tomarse la formación con responsabilidad. Un profesional puede dominar la técnica y aun así no estar preparado para diagnosticar o para manejar una complicación”, dice la doctora Paula Pifarré López, directora académica de EIMEC. “Y esa responsabilidad empieza antes de tocar una jeringa”.