
Elísabet Benavent
La escritora española, bestseller y conocida en las redes sociales como Betacoqueta, presenta su nueva novela. Netflix ya adaptó tres de sus historias: Valeria, Fuimos canciones y Un cuento perfecto… y va por más.
En muy pocos años, la autora nacida en Gancia, una ciudad costera de Valencia, ya puso a disposición del mundo una veintena de títulos con un fuerte sello: historias terrenales, donde las relaciones de amor y amistad pueden pasarle a cualquiera.

Suelo recomendar en orden cronológico, porque hago guiños de un libro a otro, pero es verdad que mis primeros libros son una saga (Valeria). Entonces, puede que alguien no le apetezca empezar por cuatro libros y ahí sugiero Mi isla, que es el primero autoconclusivo, o ya directamente el último, cualquiera sea el momento en que me lo pregunten.
Marian Keyes me parece la madre de la comedia romántica escrita. Aunque también bebemos de obras como Sex and the City, Bridget Jones y demás. Pero ese punto intermedio entre el humor, lo trágico de lo cotidiano, la sensualidad y la sexualidad femenina vienen de Keyes. Recuerdo leerla en el transporte público hacia el trabajo y pensar “yo quiero hacer sentir así a alguien”.
Desde hace unos años, para mí es muy significativo cómo trata la gente sus lecturas. Ya no se ven libros forrados con papel de regalo. Hay un cierto orgullo de pertenencia en cuanto al género que lees, independientemente de cuál sea. De todos modos, el romántico sigue siendo un género denostado, para la crítica un género pequeño, que ni siguiera se considera literatura. Yo no empecé en esto buscando la palmadita en la espalda. Sabía que estaba muy lejos de eso. Yo hago entretenimiento y a mucha honra. Al entretenimiento hay que reivindicarlo y que hagas entretenimiento no está reñido con que intentes hacer algo de calidad y que tenga un trasfondo. No son historietas de amor, como muchas veces se dice, la línea principal es una historia de amor, pero el telón de fondo es la realidad, la precariedad laboral, la conciliación, el vínculo madres e hijas, las relaciones tóxicas o la salud mental.
Estoy muy obsesionada con eso. Son 22 novelas ya y tres libros de no ficción. Tengo una relación estupenda con mi editora. Sé que me va a decir sin pelos en la lengua: “este planteamiento me da ecos a Un cuento perfecto o a Valeria”. Siempre buscamos juntas la manera de que la idea que tengo encuentre un camino original. En los últimos años es una obsesión para mí que cada libro incorpore una novedad. Por ejemplo, en Esnob, es la voz masculina protagonista. En Cómo (no) escribí nuestra historia, mi paso por la autoficción, de la que ya me bajo.
Fue un poco complicado encontrarle la voz, porque era como una anguila, se me escapaba entre las manos. Yo trabajé en una multinacional en la que había muchos hombres de este perfil, entonces la fauna de la oficina me sirvió un poco de inspiración. Pero cuando encontré la voz de Alejo, me costó encontrar la de Marieta, ya solo quería hablar como él, vivir en su piel. Tuve muy claro una cosa desde el principio: no quería que fuera realista, tenía que ser verosímil. Porque si hubiera sido realista, a ese hombre no lo hubiéramos soportado, no hubiéramos pasado de las primeras veinticinco páginas. Y ese es uno de los motivos por los que el libro está en primera persona masculina. Porque tienes que vivirlo desde adentro de Alejo para poder soportarle, porque es un imbécil, aunque en el fondo adorable. Ha cargado con muchos complejos, con mucha presión sobre el tipo de masculinidad socialmente aceptable. Este es uno de los temas de la novela: cómo a los hombres les cuesta abrazar su vulnerabilidad.
Dormir tranquila. Esto te lo da ser muy consciente de las cosas que haces y a las que dices que no. La idea del éxito es absolutamente subjetiva, lo hablo mucho con mis amigas. Se nos obliga a ser exitosos y si no, eres un mediocre. Debe haber un punto intermedio entre ser una persona que no aspira a más y comerse el mundo. Esta es mi parcela de éxito y es la que reivindico, y de aquí no quiero pasar porque no me apetece. Nos vemos siempre a través de la mirada del otro, de ahí que la salud mental es tan importante. Hay que empezar a dar poder a tu propia mirada, mirarte de la misma manera que miras a tu mejor amiga.
Hemos crecido en una sociedad que nos ha dicho que la amistad femenina era una farsa, que estamos esperando a dar la puñalada por la espalda a la otra y que somos el peor lobo para otra mujer. Eso es una completa mentira. La palabra sororidad es relativamente nueva en nuestro vocabulario, pero es muy antigua en cuanto a los actos. Tengo amigas que considero familia, son mi squad. La amistad es una historia de amor, que hemos dejado de lado porque nos dicen que nos tenemos que validar a través de la mirada del hombre, y no de otra mujer. Ojalá nos validáramos a través de la mirada de nuestras amigas. Para mí son mi anclaje a la realidad. Hay una cosa que a mí me encanta de ellas y es que no me leen. Eso me permite robarles mucha vida sin que lo sepan.

A mí me viene la decisión de una manera completamente inconsciente, yo como consumidora de cine, comedias románticas, series y libros siempre me ha molestado muchísimo esa cortinilla de “la mañana siguiente”. A mí el sexo me parece el lenguaje de los amantes, dice mucho de una persona cómo trata a otra también en la intimidad. Y detrás de esa “cortina” que se pone crecen los tabús. Entonces vamos a ponerlo todo encima de la mesa y dejar de romantizarlo todo tanto. Esto lo hago más ahora que al principio. A medida que voy publicando nuevos libros, tengo menos escenas de sexo y las selecciono de una manera más exigente: tienen que decir algo en la historia.
Lo hacen, pero más despacio que yo. Me gustaría cumplir los años como lo hacen las protagonistas de mis libros que ahora están por los 32. Es una edad en la que me siento cómoda, por más que voy a cumplir 41.
El trasfondo es el mundo del cine y salgo de Madrid, me voy a León. Creo que hay que reivindicar las ciudades un poco más pequeñas y sobre todo hablar de la España vaciada. Son varios protagonistas. Y la experiencia de lectura será diferente. Ya está en la fase de edición.
Estamos en ello, hay varios proyectos encima de la mesa, ojalá pueda confirmar pronto, pero yo tenía clarísimo cuál quería que fuera la siguiente.
Soy productora ejecutiva de la película y las series, trabajo codo con codo con Marina Pérez que es la guionista, entonces tengo la seguridad y la tranquilidad de que siempre que ella cierra un capítulo lo comparte conmigo antes de que lo vea la productora y luego la plataforma. Tenemos una relación de confianza, ha sido la misma guionista desde la segunda temporada de Valeria. Nos llevamos fenomenal, la admiro muchísimo y tiene el equilibrio perfecto entre comicidad, seriedad y frescura.
La verdad que nos parecemos todos mucho más de lo que pensamos. Pero además en un mundo globalizado en el que tenemos contacto absolutamente a diario e inmediato con cualquier punto del planeta, todos tenemos un imaginario común y da un poco igual la localización. Al final creo que los problemas a nivel mundial para la gente joven son los mismos, independientemente del sitio donde estemos.