
Personajes
En el mes del día del padre y a días del comienzo de un nuevo Mundial, charlamos con el jugador sobre fútbol, paternidad, moda y su rol como embajador de moda.
Hay trayectorias que no se explican solo por el talento, sino por una combinación de intuición, carácter y contexto. La de Enzo Fernández se construyó desde muy temprano en la periferia del mapa mediático, en un entorno donde el fútbol no era una opción sino un lenguaje. Creció en San Martín, en la provincia de Buenos Aires, y ahí empezó a delinear una identidad marcada por la intensidad, la lectura de juego y una determinación poco común para su edad. Antes de convertirse en una figura global, fue un chico que entendió rápido que el sacrificio no era negociable.
Su formación en el Club Atlético River Plate fue clave para pulir ese instinto. Allí atravesó todas las etapas hasta debutar en Primera División, en un contexto competitivo que exige personalidad además de condiciones. Luego, su paso a préstamo por Defensa y Justicia terminó de consolidarlo: sumó minutos, confianza y una madurez táctica que lo posicionó como una de las apariciones más interesantes del fútbol local. El regreso a River lo encontró listo para asumir protagonismo y, desde ahí, su carrera tomó velocidad de vértigo.
El salto a Europa llegó con Sport Lisboa e Benfica, donde su impacto fue inmediato. En pocos meses, se convirtió en una pieza central del equipo, destacándose por su capacidad para organizar el juego y su inteligencia para ocupar espacios. Esa explosión lo llevó rápidamente a la Chelsea Football Club, donde hoy compite en una de las ligas más exigentes del mundo, sosteniendo un nivel que lo posiciona entre los mediocampistas más completos de su generación.

En paralelo, su interés por la moda suma una capa cada vez más protagónica. Como embajador de Equus, volvió a ponerse frente a cámara para la campaña Otoño-Invierno 2026, donde combina estilo, identidad y una mirada contemporánea sobre la moda masculina. En un año atravesado por la expectativa mundialista, la propuesta construye un relato que pone el foco en su actitud: para Enzo, la suerte no es azar, es consecuencia. “La suerte no se encuentra, se crea”, dice Enzo, en una narrativa que conecta preparación, presencia y conciencia. Esta nueva entrega se suma al vínculo que viene construyendo con la marca, luego de campañas anteriores —incluida una junto a su pareja— y consolida su lugar como una de las caras fuertes de la moda masculina local.
Si hay un eje que atraviesa todas sus decisiones, es el de la familia. Su relación con Valentina Cervantes y la vida que construyeron junto a su hija Olivia, de cinco años, y al pequeño Benjamín, de dos, aparece como el núcleo desde el cual todo cobra sentido. En medio de la exigencia profesional, los viajes y la exposición, ese espacio íntimo funciona como sostén emocional y también como motor. No es solo un refugio: es el lugar donde se redefine, todos los días, qué significa realmente el éxito.
Fuera del campo, su vida se organiza con una lógica distinta a la del calendario deportivo. Hay una rutina doméstica que lo ancla: mañanas compartidas, tiempos medidos entre entrenamientos y momentos de intimidad que funcionan como refugio frente a la exposición constante. Enzo construye su día a día con una naturalidad que contrasta con la dimensión pública que lo rodea, y en ese equilibrio aparece una versión más cercana, más humana, del jugador.

En ese cruce entre ambición profesional, sensibilidad personal y construcción de identidad, Enzo Fernández encarna una nueva forma de entender el presente del futbolista: más integral, más consciente, más conectado con lo que ocurre fuera de la cancha. Y es justamente ahí, lejos del ruido, donde emerge una de sus facetas más transformadoras. En el mes del día del padre y con el arranque de un nuevo Mundial, charlamos con el futbolista sobre su presente.
¿Cómo te definís como papá?
Siempre trato de dar lo mejor de mí para que, tanto a Oli como a Benja, no les falte de nada. También me esfuerzo para que crezcan felices.
¿Qué priorizás en su crianza?
Que tengan una buena educación y que luchen por sus sueños como yo luché y lucho por los míos. Pero, por sobre todo, siempre me focalizo en que sean felices.
¿Qué te encanta y qué te cansa de las rutinas de la paternidad?
Me gusta pasar tiempo con mis hijos, hacer planes en nuestros ratos libres y jugar con ellos. Lo que más me agota, creo que lo sabe todo el mundo, es intentar cansar a Benja (risas).
¿Qué relevancia tiene tu familia en tu vida profesional?
Son lo más importante. Ellos me dan todo día a día para que pueda concentrarme en mi profesión y en mis sueños. Cuando tengo ratos libres con ellos, desconecto una banda y recargo pilas para tratar de ayudar al equipo después en la cancha.

¿Cómo es un típico día tuyo?
Me levanto y, si tengo tiempo, ayudo a Valu a vestir a los nenes y a llevarlos al colegio. Después voy al club a entrenar y a almorzar. Me gusta dormir la siesta. A la tarde reparto el tiempo entre mis hijos y el entrenamiento físico. En mis días libres, salgo a pasear con ellos y mis amigos. Vamos a cenar, por ejemplo. Disfruto mucho esos ratos en los que logramos desconectar.
¿Qué hacés cuando necesitás relajarte completamente?
Focalizarme en mi círculo cercano me ayuda a pensar lo menos posible en el fútbol, que es lo que me quita bastante tiempo mental durante el año. También creo mucho en Dios, así que intento acercarme más a él. Siempre lo tengo presente en mi vida.
¿Qué extrañás de Argentina al vivir afuera?
La parte de mi familia que está allá, como mis papás y mis hermanos.
¿Tenés algún recuerdo de la infancia que te emocione?
Los primeros partidos de fútbol con amigos en el barrio. Era un mundo diferente.
Sos embajador de Equus. ¿Qué importancia le das a la moda?
Mucha. Disfruto un montón de la moda y de ser mi propio estilista. Si llego a tener días libres, me gusta asistir a las Fashion Weeks.

Si no hubieras sido futbolista, ¿a qué te habrías dedicado?
Sería preparador físico.
¿Qué te cuesta manejar de ser una persona pública?
Creo que lo mismo que a todas las personas que son conocidas. Es un privilegio increíble, pero a veces echo de menos la privacidad y la tranquilidad de salir a recorrer cualquier lugar con mi familia.
¿Cómo es tu relación con las redes sociales?
Me gusta manejarlas, aunque tengo un equipo de trabajo que me asesora y me guía a nivel de imagen. Son top, las uso mucho para el fútbol, para mi trabajo con marcas y para mostrar mi vida… Pero también soy consciente de la exposición que tengo y desde ese lado las manejo con responsabilidad por la gente que me sigue.
¿Qué consejo le darías a los futbolistas jóvenes que sueñan con llegar a Europa y a la Selección nacional?
Que controlen todo lo que depende de ellos: la disciplina, el trabajo y la constancia. A partir de eso, entran en juego muchos factores que no dependen de uno, sino del destino y de Dios.
¿Qué jugador admirabas de chico?
Obvio, a Leo (Messi). Nos marcó a todos los argentinos. Por mi edad, lo vi y lo disfuté mucho. Es una suerte poder compartir el fútbol con él.
¿Qué sacrificios personales hiciste para llegar a donde estás?
Traté de ser constante, entrené cuando nadie lo hacía, dejé de pasar tiempo con mi gente, me arriegué a tener una vida diferente a la que vivían mis amigos. De todos modos, mirando hacia atrás, sé que valió la pena. Sigo teniendo la misma pasión.

¿Qué sensaciones te genera representar a Argentina en un nuevo Mundial?
Responsabilidad y hambre... Mucha hambre.