
ELLE Talentos
Su taller es un refugio para el arte. Allí conviven arquitectura, diseño, pintura y objetos preciados. En ese espacio, atravesada por la obsesión del trabajo manual, el relato interior se vuelve materia y sucede la magia: la transmisión de un mundo posible mediante las joyas que crea.
Lo implícito está en el ADN de estas piezas, que no necesitan gritar para recordarnos que la materia prima que las conforman puede ser un citrino natural o un diamante único que vino del otro lado del continente. Hay algo de la no ostentación que las vuelve cercanas, deseables. Su sobriedad y discreción en sintonía con el movimiento escultórico a microescala son tal vez el secreto: la forma en que se manifiestan los objetos, más allá de su visible belleza. Tan agudo es el ojo de Mora, que logra equilibrar el caos de la creación con la precisión técnica de la alta joyería. Un engranaje orgánico, resultado de su paso por Bellas Artes y sus estudios con maestros joyeros.
ELLE HAY UN VÍNCULO CON EL ARTE. ¿CÓMO TE INICIASTE EN JOYERÍA?
MORA LASNIER Sí, estudié fotografía y Bellas Artes. Siempre me interesaron los talleres, hacía todos los que se cruzaban por mi camino, me gusta meter mano y probar. Después trabajé en vestuario para publicidad durante algunos años y me di cuenta de que me faltaba trabajar con las manos; sentía que me hacía falta. Desde chica siempre me encantó intervenir ropa, accesorios, modificar cosas. En un momento entré en crisis con mi trabajo y charlando con una amiga (la mayoría son artistas plásticos), ella me dijo: “Te reveo con joyería, ¿por qué no probás?”. Fue muy a ciegas; no sabía qué esperar. Lo único que tenía claro es que me interesaba genuinamente. Cuando probé, lo terminé de comprobar.
ELLE EMPEZASTE HACE 12 AÑOS. EN ESE MOMENTO ERA UN NICHO PARA EXPLORAR.
M. L. Totalmente. No era lo que es ahora. En 2014 presenté la primera colección. Había piezas que ya no hago. A veces las dejo respirar y después vuelvo a hacerlas.
ELLE ¿TRABAJÁS CON COLECCIÓN PERMANENTE?
M. L. Son dos líneas (me manejo por colección, no por temporada). Una de alta joyería en oro y piedras preciosas y otra en plata 925 con baño de rodio. Uso piedras naturales y perlas de cultivo, todo hecho a mano. Trabajo con talles estándar, en el sentido de que siempre vas a poder probarlo en algún dedo. Y todo se hace a medida. Si hay alguna pieza que te gusta y te queda bien, te la podés llevar. Es con cita; prefiero que vengan, prueben, toquen. El taller lo diseñamos con mi pareja y socio, Sebastián Mercado. Él es escultor. No es casualidad que acá uno vea todo lo que nos apasiona: mobiliario de diseño original, libros de arte... tiene que ver con el universo que queremos transmitir. Si mostrara solo las piezas, siento que me quedaría corta.

ELLE ESTÁN PENSADAS PARA USARLAS COMBINADAS. ¿SON DELICADAS O TODO TERRENO?
M. L. Quedan divinas combinadas. Son piezas de uso diario. Yo me las saco para hacer cosas en casa, pero lo que digo siempre es que piensen que son delicadas. Es joyería, no son accesorios. No es que no podés hacer nada; la pieza va teniendo signos de uso y eso es algo que queda lindo. Pero si le das un golpe fuerte, se va a marcar.
ELLE ¿HAY ALGO QUE VINO HEREDADO?
M. L. El interés por el diseño, sin dudas. Mi papá estudió Arquitectura y el gusto por el diseño de formas y mobiliario siempre estuvo presente. Él trabajaba como representante de diseñadores. Acá en el taller hay objetos (como la mesa), que son originales y estaban en casa.
ELLE LA JOYERÍA ES UNA TAREA SOLITARIA.
M. L. Sí, trabajo con mi pareja; tenemos una mirada en sintonía y él me conoce. Somos una dupla orquesta.
ELLE EL TRABAJO MANUAL ES TERAPÉUTICO. ¿TE TRANQUILIZA O ENLOQUECE?
M. L. Un poco y un poco. Me gusta manipular cosas pequeñas; es atrapante porque te abstrae. Y trabajar con las manos es relindo. Si estás en un mal día, la transmisión es directa, no estás tan preciso. Por suerte sé cuándo parar. El trabajo con las manos te calma, aunque no es que disfrute estar a dos por hora todo el tiempo.
ELLE TUS PIEZAS SON DEPURADAS. ¿DIALOGÁS CON EL ERROR?
M. L. El error me lo permito en el proceso creativo de la forma. Eso no está cerrado y deriva en cosas inesperadas. Hay mucho de escultura. En la parte de la pieza terminada no hay errores.

ELLE ¿QUIÉNES FUERON TUS MAESTROS?
M. L. Estudié con Alfredo Garavaglia. Él se dedicaba a la técnica Intaglio, pero ya no la enseñaba (es la talla de piedras preciosas para el grabado de joyería clásica europea, como los sellos, un león o algo heráldico). La joyería tiene especialidades, disciplinas. Los maestros saben la general y se especializan en alguna. Con él aprendí talla en cera perdida. Lo mejor es trabajar con el metal directo, aunque podés combinar las técnicas. La joyería te pone a disposición muchas herramientas. Después estudié soldado y perfeccionamiento con Rita Hampton. A la par armé un taller y fueron horas de prueba y error. Es un proceso largo, pero lo disfruto.
ELLE ES UN MOMENTO DE SOBREXPOSICIÓN Y ACELERE. LA JOYERÍA ES UN PROCESO SILENCIOSO QUE VA A CONTRAMANO.
M. L. Sí. Es difícil negociar con eso. Tampoco quiero hacerlo. No se puede llegar a los resultados que buscamos, planteando tiempos creativos y de producción acelerados. Cuando empecé, venía del mundo de la publicidad que es veloz. Me flasheaba estar tanto tiempo dedicada a algo que requiere pausa. Es genial y desesperante a la vez. Hay una parte de hacer a escala pequeña y de prueba y error que no podés apurar.
ELLE ¿LA INSPIRACIÓN FLUYE? ¿DE DÓNDE PROVIENE?
M. L. Tiene ciclos de ebullición y otros de meseta. Hay momentos en que hay que buscar cosas nuevas. La construcción de mi imaginario y mi trabajo están vinculados con el arte, con el diseño y somos solo nosotros quienes lo construimos. Por ejemplo, estas sillas que hay acá son originales del arquitecto Mario Botta. Todo lo refaccionamos nosotros y es lo que se transmite. La observación y mis charlas con Sebastián son inspiradoras. Compartimos universo estético y mirada.
ELLE LA JOYERÍA CLÁSICA SUELE VINCULARSE CON EL STATUS; LA DE AUTOR, CON EL ARTE. ¿CÓMO SON LAS MUJERES QUE COMPRAN?
M. L. ¡Sí, re! Tienen nuestros mismos intereses directa o indirectamente. Hay clientes que se dedican a otra cosa que nada tiene que ver con lo nuestro, pero les interesa nuestra mirada. Acá no dejamos nada al azar. Hacemos las fotos, sabemos cómo queremos mostrar los objetos, todo está pensado. La sensibilidad de la imagen completa el imaginario y lo que queremos decir con la marca. Tenemos clientes vinculados con el arte, pero otros que son médicos por ejemplo, y fueron comprendiendo la joyería en la medida en que nos fueron conociendo. Es lindo ver cómo compraban al principio y cómo lo hacen ahora.
ELLE UTILIZÁS MATERIALES CAROS. ¿POR QUÉ DECIDISTE TRABAJAR CON ELLOS?
M. L. Por cómo responden. Trabajo con materiales de calidad y no hago baños excepto el de rodio. No utilizo bronce o nikel. Son decisiones que tienen que ver con cómo la pieza va a reflejar el paso del tiempo. Las terminaciones limpias y precisas se relacionan con el material que usás. Es como trabajar con un buen género si hacés ropa. Las piedras si están mal cortadas no se lucen. Hay que tener conocimiento y técnica.
ELLE ¿QUÉ TIENE QUE TENER UNA BUENA JOYA?
M. L. Es importante cómo se ve en la mano. La sensación, el peso. Si la pieza no tiene cuerpo, a mí me desilusiona. Trabajar de manera escultórica es importante. Por eso, la mirada de Sebastián es fundamental.
ELLE ¿IMAGINÁS EL VALOR DE AMULETO AL CREAR?
M. L. Sí, es algo que tiene que ver con la tradición de la joyería: con aniversarios, eventos o un autorregalo que uno se hace en un momento importante de la vida. Hay algo del objeto que se relaciona con lo íntimo, privado. Cada quien le imprime la fantasía que quiere.
ELLE HACE TIEMPO COLABORASTE CON JT.
M. L. Fue una muy buena experiencia. Cuando empezamos a hablar, querían accesorios para la marca, pero no hacemos eso. Entonces, a nuestra colección pensada de antemano la completamos con otras piezas y funcionó muy bien. Por ahora no tenemos pensado repetirlo. Estamos trabajando bien y hay algo de cuánto podemos abarcar en nuestra forma de producir. Tenemos muchos clientes.

ELLE ¿CUALQUIERA PUEDE APRENDER ESTE OFICIO?
M. L. Primero, te tiene que interesar. Podés hacerlo por disfrute y nada más. Hay que ver qué pretende cada uno del aprendizaje. Es algo que requiere práctica y precisión. Di clases seis años y venía gente de todo tipo. Me encanta ver qué obsesiona a cada persona y hasta dónde puede llegar. Hay gente que tiene más facilidad que otra.
ELLE SI TUVIERAS QUE EXPLICAR LO QUE HACÉS...
M. L. No me gusta condicionar el trabajo, pero diría que es una joyería muy bien hecha, de buena manufactura, moderna y que se sostiene en el tiempo.
ELLE ¿LO MEJOR Y LO PEOR DEL OFICIO?
M. L. Lo más agradable es cuando pienso una pieza y la veo por primera vez terminada. Es gratificante. Lo menos lindo es tener que lidiar con el ritmo de redes y consumo que se maneja hoy. Estamos un poco al margen de eso e imagino que tiene su costo.
ELLE ¿TU SUEÑO CON LA MARCA?
M. L. Estamos contentos con el lugar en donde está. Nos interesa consolidarla en este punto. Crecer en esta pro puesta y que sea desafiante. No hacemos concesiones respecto de la forma en que producimos.
ELLE ¿CÓMO SON LOS TIEMPOS DE PRODUCCIÓN?
M. L. En un momento normal del año, es un mes para la entrega. Y en otros más movidos, son dos. Somos solo nosotros dos y es un trabajo reconocido por el boca en boca, orgánico. Nuestros clientes son de largo plazo. Vienen una vez y siempre vuelven. No tenemos tienda online, tienen que venir acá. Mínimo la primera vez.
ELLE ¿DE CHICA TE GUSTABA LA JOYERÍA?
M. L. El otro día veía una foto mía de cuando tenía 13 años y me acordé de que pasaba mucho tiempo en ferias de artesanos. No paraba de comprarme anillos de plata. Me gustaba la artesanía bien hecha; esa sensibilidad ya estaba. También recuerdo un anillo de Belgiorno que mi papá le había regalado a mi mamá y me parecía increíble: moderno, geométrico, como un prisma, y mamá me lo regaló.
ELLE ¿MIRÁS LAS MANOS?
M. L. Sí, obvio. Hay gente que le pone mucha atención y siento que tiene que ver con la personalidad. Hay algo que no es racional, que te hace conectar con la joyería y su magia: podés estar vestida simple, pero las manos dicen mucho. Un mismo anillo funciona diferente de acuerdo con cómo estés vestida.
ELLE ¿QUÉ ESTILOS AMÁS?
M. L. La joyería art decó. Y siento que la clásica europea está presente en mi trabajo. En notas suaves, al fondo. El imaginario del diseño industrial de los 90 y 2000 también está en algún lugar. A veces me interesa que estén más o menos. Vas tomando referencia y le subís o bajás el volumen. Nosotros coleccionamos publicaciones de artistas plásticos y diseñadores; nos atraen los libros, las fotos, las obras de arte y todo eso se vuelca en nuestro trabajo. Es una construcción que te llevás de la marca.
ELLE UN UNIVERSO DE INTERESES MÁS QUE ESTÉTICO.
M. L. Exacto.
ELLE ¿PRÓXIMO PROYECTO?
M. L. Estamos soltando piezas que abren caminos, desarrollando creaciones. Primero maquetas; me fascina dibujar y hacer notas al lado, reforzar conceptos. Son notas mentales sobre sensaciones. Un momento de juego.
MATERIALES
• Los anillos negros son resultado de una reacción química.
• El rodio es un metal estable que se usa para joyería clásica, para bañar piezas en oro. El oro blanco, por ejemplo, toma ese color por el rodio. No se oxida y mantiene el brillo.
• Trabajamos piedras naturales: cuarzo fumé, citrino natural, topacio incoloro, zafiro verde. Pueden venir de varios lugares, Brasil, Colombia (la esmeralda allí es muy cara). De África también. Es un mineral y depende de la cantera.
• Las perlas son de afuera, algunas de Japón.