
Talentos
Su talento le valió una beca para una de las universidades más prestigiosas del mundo: Parsons School of Design, en New York. Con solo 23 años y proyección internacional en la mira, es la argentina a tener en el radar.
El arte y la experimentación son los motores de esta joven diseñadora de moda que comenzó a formarse con apenas 12 años. Una pasión arraigada en su ADN y una herencia familiar compartida la llevaron a dejar Buenos Aires apenas terminó el secundario para vivir y estudiar en una de las mecas de moda: New York. A fuerza de talento y trabajo logró cumplir su objetivo y hoy se consolida dejando en claro la potencia de la creatividad local.
¿Cuál fue el momento en el que te diste cuenta de que querías ser diseñadora?
Desde muy chica me pasaba horas dibujando y diseñando vestidos en la cocina de mi casa, pero aun no comprendía que algún día podría hacer de eso una profesión. Por otro lado, mi abuelo, un inmigrante y sastre italiano, me inspiraba con sus prendas y me enseñó la belleza de crear algo a mano. Esa visión inicial, el esfuerzo y amor que conlleva crear algo y que sea parte de la vida y experiencias diarias de otras personas, es un sentimiento incomparable. De cierto modo, cada persona lleva con ella un pedacito de quienes diseñan sus prendas y accesorios, y eso me resulta fascinante. A los 11 años les dije a mis padres que quería aprender a coser, y debido a mi edad, tuve que ir a clases acompañada por mi mamá. Luego de un par de semanas, logré hacer mi primer vestido, prenda que aun conservo y atesoro como ejemplo de lo que el esfuerzo y los sueños pueden llegar a lograr. Luego, continué cosiendo en mi casa, con la máquina Singer que lleva generaciones en la familia y de a poco fui aprendiendo lo básico como para crear mis prendas. Estando en la secundaria, ya comprendía que quería que esa pasión se convirtiera en una profesión, sin embargo, había algo que me hacía sentir alejada de la moda: las tendencias. La moda no se trata solo de tendencias o de una interpretación universal. Tener en claro eso fue un punto de inflexión para mí.

¿Cómo fue el recorrido hasta acá?
Mi recorrido comenzó aprendiendo a coser en Argentina. Primero en Donato Delego a los 12 años, luego en Instituto Flego, y simultáneamente cosiendo desde mi casa. Más adelante, durante la pandemia, mi papá y yo comenzamos a hacer carteras a mano, aprendiendo mediante videos. En ese entonces descubrí una nueva pasión por el diseño de accesorios y, a su vez, por el trabajo artesanal. Durante ese tiempo, trabajé en mi portafolio, sin saber bien qué era un portafolio, incluyendo mis carteras, ilustraciones, y pinturas, y lo presenté en Parsons School of Design, en New York. Logré ser admitida con una beca y, luego de cuatro años, obtuve mi título como diseñadora de moda en el 2025. Durante mis estudios, me focalicé en el diseño de prendas avant garde y me especialicé simultáneamente en el diseño de textiles.
¿Cuál es el hilo conductor que une a tus colecciones?
Mis diseños suelen ser voluminosos ya que me fascina jugar con la silueta del cuerpo y el movimiento, y crear algo fuera de lo convencional, haciendo que la ropa sea más que vestimenta. Me gusta que sea una experiencia que desafía lo tradicional de una forma excesiva. Me entusiasma crear prendas tan tridimensionales porque, generalmente, en lo personal, me gusta hacer todo a lo grande. Usualmente no me apasiona lo minimalista, así que cuanto más grande, mejor. Esto también toma más dedicación y tiempo, haciendo que mi proceso sea una especie de ritual. Desarrollar la mayoría de las telas de mis colecciones significa que cuanto más tridimensional la ropa, más tela tengo que desarrollar y mucho más tiempo debo invertir. Algo que caracteriza mi práctica es el diseño de textiles, suelo utilizar técnicas como el fieltrado, crochet, sublimado, corte con láser, pintura sobre tela, y desarrollo patrones digitales. El color es una parte importante de mi trabajo. Suelo usar el color rojo ya que siento que representa la pasión por lo que hago y con cuánta intensidad vivo el proceso de creación. Me gusta que mis diseños tengan colores vibrantes ya que el color es otra de mis fuentes de inspiración, se siente como si el proceso fluyera de una manera más ligera y liberadora.
¿Cómo empieza el camino profesional?
Mudarme a Nueva York, siendo argentina y sin tener experiencia profesional previa en la industria de la moda, implicó un gran esfuerzo por conseguir experiencias laborales. Trabajé en tener un portafolio más completo para presentar y comencé a mandarlo a diferentes marcas, grandes y pequeñas, sabía que debía empezar por algo y que eso me abriría puertas en el futuro. Empecé haciendo pasantías no remuneradas, siempre convencida de que el esfuerzo valdría la pena. Hablando con gente de la industria, siempre reiteré mi interés por aprender nuevas cosas, ya que considero que un artista no debe solo saber diseñar sino comprender cómo funcionan los diferentes eslabones dentro de la industria. Ese interés en ser una diseñadora versátil cautivó el interés de quienes buscaban a personas curiosas con experiencias diversas. Comencé formándome en el mundo de la sastrería, luego trabajé en el equipo de producción en Oscar de la Renta, una compañía a la que admiro desde chica y considero referente. Durante mi tiempo en la compañía, asistí a todo lo relacionado con la producción. Asistía durante pruebas de vestuario, tomaba registro de los ajustes necesarios para cada prenda, y hacía seguimiento de los productos de la colección. Fue fascinante conocer el atelier y ver cómo funciona una empresa tan influyente. Por otro lado, trabajé en la compañía Connor McKnight, un diseñador radicado en Nueva York cuyo trabajo explora la vida cotidiana y las experiencias personales a través de prendas atemporales que combinan siluetas utilitarias y de workwear con materiales y confección de lujo. Actualmente, soy diseñadora en MZ Wallace, una marca neoyorquina de bolsos fundada en el año 2000, conocida por combinar diseño elegante con funcionalidad y materiales ligeros. Parte de mi rol incluye desarrollar futuras colecciones, hacer paquetes técnicos para las fábricas detallando las especificaciones del producto, diseñar estampados, liderar colaboraciones con otras marcas reconocidas y hacer propuestas que se alineen con ambas marcas. Por otro lado, también asisto a una estilista de celebridades llamada Kate Young, quien viste a personas como Julianne Moore, Scarlett Johanson, Nina Dobrev, entre otras.
¿Cuál es el vínculo que encontrás entre arte y moda?
Considero que la moda es un medio único para crear piezas que juegan entre lo usable y lo artístico. Yo describo mis prendas como arte usable (wearable art), ya que son sumamente delicadas, expresivas, y a su vez, debido a las grandes estructuras, poco convencionales para uso diario. Mi intención con este tipo de prendas no es necesariamente buscar lo comercial, sino buscar un medio de expresión y creatividad absoluta donde no existen los límites. Mi proceso para desarrollar telas es como un ritual, lleva mucho trabajo manual y tiempo, y por esta razón mis prendas suelen ser delicadas tal como una pieza de arte. Considero que las personas somos un lienzo que es pintado al ser vestido. Tal como las piezas de arte, una prenda creada por un verdadero artista, también será única.
¿Qué sentís que tenés para aportarle a la industria?
Mi pasión por el diseño de textiles es algo que hace mi proceso único y personal. Debido a que usualmente no compro telas, sino que las diseño, suelo lograr resultados que se diferencian de lo que hay en el mercado. Además, haber ganado experiencia en diferentes áreas de la moda, ya sea sastrería, estilismo, moldería, costura, producción, diseño de ropa, diseño de accesorios, y desarrollo de textiles, me ha capacitado para poder contribuir en diferentes ámbitos y poder adaptarme ante diferentes situaciones. Considero que un diseñador debe capacitarse lo máximo posible para poder ser flexible y liderar de manera intencional y eficiente.

¿Qué diseñadores te inspiran?
Me gusta mucho Alexander McQueen, Mugler, Giorgio Armani, Guo Pei, Rick Owens, Iris Van Herpen, Kevin Germanier. Jean Paul Gaultier. De argentina me gustan Gino Bogani, Benito Fernández y Jorge Ibañez.
¿Cómo ves a la moda argentina en este momento?
Considero que la moda en Argentina se está influenciando por tendencias europeas y norteamericanas. Las personas empiezan a encontrar un estilo más representativo de sí mismas.
La moda rápida y los descartes, ¿te preocupan?
La sociedad ha desarrollado una cultura profundamente acostumbrada al consumismo y al descarte de aquello que ya no se quiere o que deja de ser tendencia. Este es uno de los grandes problemas de la moda rápida: una prenda puede tener un gran valor sentimental, pero este modelo de consumo fomenta el desapego hacia lo que poseemos y facilita un acceso inmediato y constante a nuevos productos. El hecho de que prendas que están en el mercado puedan replicarse de manera tan rápida demuestra que el sistema de producción actual prioriza la velocidad y el consumo por encima de la creatividad, la durabilidad, y el proceso de producción responsable. Por otro lado, hay muchos factores no visibles detrás del proceso de la moda rápida, no solo para aquellos que trabajan en ella, sino que también para el medio ambiente y para todo el mundo, aquellos que consumen tendencias de manera excesiva, y aquellos que no. Considero que cuando algo llega a ser una gran tendencia, ya el diseño deja de ser relevante y se convierte en un artículo más que nos han fomentado a comprar.
El cuidado del planeta está entre tus prioridades.
Sí, considero que la industria de la moda genera una gran cantidad de desperdicio y que muchas marcas utilizan la palabra “sustentabilidad” más como una estrategia de marketing que como un verdadero compromiso. Para poder seguir diseñando, primero tiene que seguir existiendo un planeta; si continuamos generando tanto desecho y afectando el lugar donde vivimos, la ropa eventualmente perdería su propósito. Hoy en día se utilizan muchos materiales tóxicos, se producen prendas en cantidades desproporcionadas y se fomenta una cultura de consumo y descarte constante. Creo que un verdadero artista debe ser también un líder consciente, con conocimiento y, aún más importante, con un interés genuino por trabajar de manera responsable. Tener prácticas sustentables no se trata solo de lo que la gente ve, sino de las decisiones que uno toma cuando nadie está mirando.
¿En qué mujer pensás al diseñar?
Tengo tres respuestas para esta pregunta. Como diseñadora que trabaja en sus propios proyectos, pienso en mí. Diseñar es el momento en que expreso mis ideas y experiencias. Por otro lado, pienso en las mujeres de mi familia, no porque se dediquen a las artes, sino porque veo su interés por las prendas que diseño, y eso me motiva a seguir explorando. Desde un punto de vista comercial al trabajar para otros, pienso en quién es el consumidor, para qué quiere mi producto, cuál es su estilo y su necesidad. Cuando uno diseña para otros debe poder comprender al otro y no solo imponer las preferencias de uno, debe haber un balance.
¿Un sueño por cumplir?
Me encantaría que mis diseños lleguen a la industria del entretenimiento, que sean usados por artistas en eventos, shows, películas y teatros.