
Vivir mejor
Esta época del año es ideal para hacer una pausa y organizar el placard. Una inversión de tiempo que va a rendir sus frutos ahora y en el próximo cambio de temporada.
Volviste de vacaciones hace rato, ya estás subida al tren de todas tus rutinas y, sin embargo, todavía dan vueltas por tu dormitorio la lona y el sombrero tejido que te compraste en la playa. Seguramente no vuelvas a usarlos hasta el próximo verano y, aun así, conviven en un rincón con esas botas de corderito que conseguiste en la liquidación de pretemporada, que tampoco te vas a poner por ahora. Es momento de tomar cartas en el asunto. Pero, atención, no hay que confundir acomodar con ordenar. Esta tarea requiere método y constancia. Te damos algunas pistas para que no te pierdas en el intento.
No existen fórmulas mágicas ni recetas infalibles para organizar los espacios. Mucho menos cuando se trata de aquellos que guardan ropa: al tratarse de un aspecto tan personal, tan íntimo, no siempre es sencillo aplicar criterios prácticos a la relación que mantenemos con ellos. Por suerte, hay herramientas que pueden ayudar. En su libro Habitar el orden, Cata de Hoz desarrolla el método VADO, que consiste en cuatro pasos:
VACIAR: para saber exactamente qué tenés guardado, es necesario sacarlo todo. El dato clave es fijarse objetivos alcanzables y hacerlo de a un sector por vez. Para comenzar, el más amigable es el de colgado. Una vez que esté todo vacío y antes de continuar, es importante aprovechar para hacer una buena limpieza, lo que mejora mucho el resultado final.
AGRUPAR: la siguiente tarea es organizar por categorías (remeras, pantalones, abrigos, etc.) armando pilas o sectores. El volumen de cada una ya te irá dando una pista del lugar adecuado y la forma de guardarlas.
DESCARTAR: es la tarea más difícil, porque, como dijimos, nuestra relación con algunas prendas no responde a criterios lógicos. Tampoco es cuestión de tirar sin pensar; antes de descartar algo, podés preguntarte por qué lo guardás. “Por las dudas, porque fue un regalo, porque me salió caro, porque me da lástima o porque no sé dónde ponerlo”, son respuestas que indican que eso está listo para salir de tu casa.
ORDENAR: Si llegaste a este paso es porque ya sabés exactamente con qué te vas a quedar y —¡ahora sí! — llegó el momento de doblar, colgar y guardar.

Es importante tener en claro que no existe una sola forma de hacer las cosas, cada persona debe ir encontrando su manera sin perder de vista el objetivo: buscar el bienestar (no la perfección) y optimizar esas acciones que realizamos todos los días. Por ejemplo, que nos resulte más sencillo decidir qué ponernos para ir a trabajar.
Hay tantos tutoriales y recomendaciones para organizar la ropa que pueden marearte. Si encontraste una alternativa que te resulta y podés mantenerla en el tiempo, usá esa.
Los productos de organización son funcionales, pero no mágicos. Si vas a invertir en estantes o canastos, asegúrate de generar el hábito de aprovecharlos de la mejor manera.
Todo aquello que se puede colgar, es mejor colgarlo. De esta manera está más accesible y ocupa menos lugar. Si es posible, evitá las perchas de alambre que se tuercen por el peso y pueden deformar la ropa.
En los estantes lo más práctico es armar filas por categorías. Aunque dos tipos de prenda compartan un mismo estante, al estar en dos filas se deduce rápidamente qué hay en detrás por lo que ves al frente.
Cuando van en cajones, es aconsejable doblar los sweaters y remeras en forma de fichero (vertical) para tenerlos a la vista y poder sacar cada prenda sin desordenar el resto.
La organización del calzado puede ser complicada porque, salvo que haya sido diseñado especialmente, los placares no suelen tener espacios apropiados. Por una cuestión de higiene no debe estar en contacto con la ropa, si se guarda debajo del colgado es mejor que esté en cajas o asegurate de que las prendas no lleguen a tocarlo. Si lo guardás en estantes, un recurso interesante es poner un pié delante del otro (en vez de poner los pares juntos). De esa forma, vas a tener todo a la vista mientras ganás funcionalidad y espacio.
Finalmente, si sentís que no vas a poder sola, tenés la opción de contactar a una organizadora profesional para que te ayude y acompañe en el proceso. Es un servicio personalizado, una guía para que logres mantener el orden de tus espacios con tareas breves.
En Habitar el orden, Cata de Hoz (@chica.orden) te propone un enfoque realista y personalizado para organizar tu hogar sin fórmulas mágicas ni minimalismos extremos.