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En la era de los algoritmos, definir una profesión requiere algo más que un listado de títulos. Te decimos cómo usar la inteligencia artificial sin perder de vista la decisión personal.
Tests online, algoritmos que sugieren carreras, profesiones que aparecen y desaparecen. En plena revolución tecnológica, elegir mirando solo la “lista de títulos” ya no alcanza. Hace falta algo más que un catálogo de opciones: hace falta una brújula interna.
La inteligencia artificial ya forma parte de la conversación: buscadores, chatbots, plataformas educativas, simuladores de CV. Todo parece estar a un clic. Frente a este escenario aparecen dos extremos igual de problemáticos: idealizar la IA como si tuviera la respuesta correcta o rechazarla como si fuera el enemigo de la elección auténtica.
Ni una cosa ni la otra. La IA es una herramienta poderosa, pero la decisión vocacional sigue siendo profundamente humana. La psicóloga Romina Halbwirth (MN 26252), explica las claves para acertar en la elección.
La pregunta “¿qué vas a estudiar?” quedó chica para el mundo actual.
Hoy conviene sumar otras preguntas:
• ¿Qué tareas concretas hace alguien en ese campo?
• ¿Cuánto de ese trabajo podría automatizarse?
• ¿Qué partes requieren necesariamente presencia humana?
• ¿Qué formas de trabajo existen (remoto, freelance, por proyectos)?
En un escenario donde muchos trabajos se automatizan, aparecen roles híbridos y la formación es cada vez más continua, elegir carrera mirando solo un folleto universitario es como elegir un destino de viaje viendo únicamente el nombre del país.

La orientación vocacional 3.0 propone cambiar el foco. Más que elegir un título, se trata de preguntarse qué temas te interpelan y en qué situaciones sentís que podrías aportar algo valioso.
La IA puede ayudar a investigar áreas, tendencias o combinaciones de disciplinas. Pero la pregunta central sigue siendo personal: “¿Dónde me imagino aportando algo que tenga sentido para mí y para los demás?”.
Cuando todo se acelera, aparece la tentación de tercerizar la decisión en un test o algoritmo. Pero ningún programa sabe lo que se siente ser vos. “Por eso propongo pensar el “Llamadón”, la combinación de dos dimensiones: Llama es el entusiasmo genuino por ciertas formas de estar y actuar en el mundo. Don son las habilidades que aparecen con naturalidad: analizar, acompañar, diseñar, explicar, organizar, crear”, dice la licenciada Romina Halbwirth.
El Llamadón aparece cuando esa llama y ese don se ponen al servicio de algo que tenga sentido dentro del propio proyecto de vida.
1. Buscar la “carrera perfecta” en Google: No existe una respuesta infalible: existen caminos posibles.
2. Tomar un test online como diagnóstico definitivo: Los resultados son indicios, no veredictos.
3. Mirar solo sueldos o salidas laborales: Son variables importantes, pero no las únicas.
4. Compararse con lo que otros muestran en redes: Las historias visibles siempre son parciales.
5. Posponer la decisión esperando más información: La claridad se construye con preguntas, experiencias y acompañamiento.
La orientación vocacional hoy integra tecnología, inteligencia artificial y trabajo personal. La IA puede ampliar el mapa. La brújula interna, ese encuentro entre lo que te enciende y lo que sabés hacer, sigue siendo profundamente humana.